Atemperándose
a su vez a las necesidades que la civilización iba creando, adquirió esta sociedad (con la cooperación
de la Sociedad Liceo) la Playa Punta Gorda, en la Isabela de Sagua, en la que una comisión nacida del seno de ambas,
en la que actuaba en 1941 como Presidente el doctor Cruz Alvaré y como Secretario
el Sr. Rafel Rojas, los cuales, la lograron comvertir en centro de atracción veraniega.
Para la prestación de los servicios de
beneficencia contaba la Sociedad con el Sanatorio ' 'La Purísima Corcepción", perteneciente a su patrimonio, a cuyo frente
se encontraba el notable ginecólogo, Dr. Silvio López Centellas, admirablemente secundado por los cirujanos Dres. Ricardo
Torres y
Cruz
Alvaré, por el laboratorista, Dr. Rafael Yániz, por los reputados clínicos Dres. Eugenio Castañeda y Evaristo Yanes,
por el cirujano dentista, Dr. Alberto Bienes y por la farmacéutica, Dra. Alejandria Astorga. Contaba este Sanatorio con distintos pabellones,
en los que se encontraban instalados los departamentos de farmacia, cirugía, electricidad médica y laboratorios, montados con todos
los detalles que la moderna técnica de la época requería, en las respectivas especialidades.
La Directiva
que regía sus destinos en 1941 fue la siguiente:
Presidente
General: José Fernández Artime, personalidad de relieve social, a cuyo entusiasmo, dinamismo y comprensión con todos
los asociados se debieron en gran parte los progresos que experimentó la Sociedad en distintos servicios.
Secretario General: Bernaldo García Díaz; Vice: Roberto Trujillo Rodríguez; Tesorero:
Adolfo Gómez Diez; Vice: Adolfo Sierra García; 1er. Vicepresidente: Florencio Lugones Noa; 2do. Emilio Alvarez Fernández;
3ro: Dr. Juan M. Cuello Guerra; 4to: Alberto Manero Caballero; 5to: Francisco Muñiz Cruces. Vocales: Javier Lastra Maza, Manuel
Prado González, José Rodríguez Plasencia, José García J unquera, Pascual Pérez Hernández, Heriberto Santana Moya, Antonio
Horreo Vega, Eugenio Sordo Escandón, Jesús Lorenzo Gallego, Néstor Arenas Armiñán, Francisco Castillo Millián y Manuel
Peláez García; digno este último del honroso galardón de benemérito de la Sociedad, a la que amó como un símbolo de la tierra
nativa, y a la que apoyó constante y desinteresadamente con aportes extraordinarios.
Es
altamente significativo y loable que un gran número de miembros de esta Directiva fueron sagüeros distinguidos,
por lo que de este Casino Espanol cabe decir, recordando un bello símil, de un insigne bardo de la América Hispana, José Santos
Chocano, que "como en un rayo de luz caben todos los colores"; en el seno del mismo cabían todas las opiniones y que sin menoscabo
del más acendrado sello de hispanidad que le imprimieran sus fundadores, en él convivieron en amplia comunidad españoles y
cubanos, con una sola aspiración: La superación social y la compenetración de una raza: la Civilización Española en América.